No, no estoy hablando de la botana del domingo frente a una película sino a los gatos de la casa, Scheetos el mayor, que cuando llegué a la vida de mi esposo me odiaba con odio jarocho. Recuerdo de las primeras visitas, uffff creo que se había aguantado la ida al baño por más de una semana y descargado en mi maleta llena de recuerdos de una mujer expatriada ¡Gato del mal! Ya para esas estaba en el punto del ¡¿o él o yo?!, fue con un poco de trabajo, comprensión, cariño y amenaza (por supuesto) que nos entendimos y nos hicimos inseparables.

Scheetos2

Más tarde llegó Mezcal, un pequeño abandonado con ansias de amor, comía todo lo que encontraba y se te pegaba como chinche para que no lo dejaras ni un momento, el pobre había llegado desnutrido y lleno de parásitos, pero pronto se puso en buena forma e hizo amistad con Scheetos que en un inicio no apreciaba su presencia….

Con la llegada de la pequeña, Sheetos simplemente olisqueo el lugar y desapareció de la vista, en cambio Mezcal desde el inicio fue el eterno cómplice de la pequeña que en ese momento torpemente trataba de juagar con él.

Después de varios eventos decidimos que se fueran por algunos meses en espera que mi salud mejorara, esos meses se hicieron largos pero finalmente regresaron a casa. Estábamos a la expectativa de cómo tomarían el hecho de que la pequeña ya no lo era tanto y que por encima de todas las cosas había un nuevo miembro de la familia.

 

Les puedo decir que para nuestra sorpresa ha sido como si el tiempo no hubiera pasado, Scheetos sigue esperando a que se duerman los niños y de vez en cuando se pasea entre ellos a paso veloz para no ser alcanzado por ninguno de ellos; en cambio Mezcal recuperó a su incondicional y juegan (un tanto brusco) juntos todo el día.

 

Mi hija le hace una llave para domarlo y ponerlo en el piso, sentarse a su lado y poderlo acariciar, mientras él se deja vencer por ella y ronronea ante tal muestra de amor; por otro lado está el pequeño que apenas los ve se mueve para que lo dejes ir y poder alcanzarlos, es rápido como un rayo y la cola de los gatos le encanta, no podía esperar menos jajajajaja

A todo esto creo que los gatos en casa han sido una buena idea, el pequeño aun no interactua como quisiera hacerlo, y un poco tratando de imitar a la hermana, pero la mayor disfruta con ellos, lo primero que hace al levantarse es ir a verlos y darles de comer, acariciarlos un poco (si se dejan) e irse a tomar su leche. Cuando regresa de la escuela pregunta donde están y va a buscarlos, les habla, canta y cuenta como si fueran su más grandes amigo, también los regaña con un aire autoritario y un dedito amenazador para que no entren a la cocina, su cuarto o se suban a la mesa. Mezcal es el preferido, por bonachón y simple; y sobre todo por esas ganas de seguir jugando a pesar de los ataques histéricos de emoción de mis hijos.

 

¿La casa? Pues hay que hacer un poco más de atención, procurarles un espacio para ellos y sobre todo tener limpio el lugar. Una buena aspiradora, un lugar para que coman en santa paz y que el pequeño no les robe algo para ponérselo directamente en la boca es básico; pero les puedo decir que más que dar más trabajo a la casa, han hecho una familia feliz y ahora completa.

 

Creo que tener animales en casa da a nuestros hijos compromiso, amor y muchas cosas que solamente con el día a día podemos obtener; los veo felices y a pesar de lo pequeños que son, comprometidos. ¿Qué más puedo pedir?

 

Algunos de los beneficios de tener una mascota en casa son el hecho de que hagan a nuestros hijos más independientes, responsables, entender reglas de comunicación no verbal, favoreciendo el desarrollo cognitivo, emocional y físico, entre otros.

 

Hay que saber que escoger como buen animal de compañía, más si nuestros hijos son pequeños, estar con ellos y enseñarles a respetarlos; darles su espacio y entender que es un ser vivo e independiente.

Se dice que el mejor momento para tener un animal de compañía es alrededor de los tres años, pues es el momento en que nuestros hijos pueden hacer una diferencia entre sus peluches y un ser vivo.

 

Tener en cuenta que un animal de compañía no es un objeto y sobre todo no poner en peligro a nuestros hijos.

 

Gracias por compartirnos sus experiencias y este blog.

 

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